Persona diciendo que no tiene tiempo mientras ve vídeos de gatos en el móvil

No tengo tiempo: Mentir mientras ves vídeos de gatos

Decir “no tengo tiempo” se ha convertido en el comodín universal para evitar cualquier cosa que implique esfuerzo, compromiso o salir de la zona de confort. Pero lo curioso no es solo la frase, sino el contexto en el que se dice. Porque muchas veces esa frase sale justo después de haber consumido 17 vídeos de gatos haciendo cosas absurdamente adorables.

El arte de decir “no tengo tiempo” mientras ves vídeos de gatos no es nuevo. Es un reflejo contemporáneo de cómo gestionamos (o malgastamos) nuestro tiempo. Y lo más loco de todo es que lo decimos convencidos, sin rastro de ironía.

Aquí van algunas reflexiones sobre este fenómeno absurdo, pero muy real:

1. Decimos que no tenemos tiempo, pero sí tenemos “tiempecitos”

“No tengo tiempo para leer ese libro.” Pero sí para ver un vídeo de 3 minutos donde un gato intenta entrar en una caja que claramente es más pequeña que él. No tenemos tiempo en bloque, pero sí en rodajitas. Esas rodajitas se pierden entre reels, shorts y TikToks.

2. Los vídeos de gatos son el nuevo cigarro de la oficina

Antes, la gente decía “salgo a fumar” para desconectar. Ahora decimos “no tengo tiempo” mientras desconectamos viendo vídeos de gatitos con sombreros. Es la pausa mental moderna, pero sin humo (aunque con dopamina).

3. Nos autoengañamos de forma casi artística

“No tengo tiempo para ordenar el armario, para contestar ese mail, para llamar a mi madre.” Pero si alguien nos pasa un vídeo de un gato bailando bachata, ahí estamos, entregados. El problema no es de tiempo, sino de voluntad. Pero decir “no tengo ganas” queda feo.

4. Lo peor es que nos creemos nuestras propias excusas

Con el tiempo hemos perfeccionado tanto la excusa que hemos acabado interiorizándola. De verdad creemos que no tenemos tiempo. Cuando en realidad lo estamos administrando como si fuera confeti en una boda de influencers.

5. La culpa se disfraza de estrés

Después de decir “no tengo tiempo”, viene el clásico “estoy agobiadísimo”. Y claro, agobia tener 48 pestañas abiertas con vídeos absurdos, memes, teorías locas sobre aliens y una receta de arroz con leche vegano. El cerebro no está estresado por exceso de tareas, sino por exceso de ruido.

Igual que pasa con la gente que usa fundas de móvil con cuerda, este tipo de excusas modernas son absurdamente normales. Queremos parecer ocupados, pero lo que buscamos es una excusa decorativa que suene legítima.

6. Decir que no tienes tiempo te hace sentir importante

Vivimos en una cultura donde estar ocupado es casi un símbolo de estatus. Cuanto más liado estás, más vales. Aunque tu agenda consista en procrastinar en modo profesional.

7. La realidad: sí tienes tiempo, pero lo estás usando en cosas que no admites

Y aquí llega el golpe de realidad: tiempo sí hay. Lo que pasa es que lo usamos en cosas que no “contamos”. Porque ver vídeos de gatos no es una actividad formalmente aceptada como uso válido del tiempo… pero lo hacemos igual.


Conclusión

Decir “no tengo tiempo” mientras ves vídeos de gatos no es un fallo humano: es parte de nuestra comedia cotidiana. Nos hace sentir culpables, pero también nos consuela. Porque si hay algo que une a la humanidad es procrastinar mientras el gato del vídeo se cae de la mesa por quinta vez.

Tal como explican en este artículo de El Confidencial, el “no tengo tiempo” se ha convertido en una de las mentiras más comunes de la era digital.

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